Evidentemente, eso nunca llegó a suceder, porque fue sólo una fantasía de primavera, pero esta semana he estado en una boda en la que los novios se han atrevido a una boda así. No tan estrictamente sobre Star Wars, pero sí en la que absolutamente todo el mundo iba disfrazado.
Hacer una boda de disfraces, con cierta temática hacia lo literario y lo fantástico, tiene sus ventajas. La principal es que se rompen todas las barreras entre las personas que no se conocen. Todo el mundo participa de la fiesta y todo el mundo se integra con todo el mundo, sin tener que esperar a las copas de última hora para superar esas fronteras y lanzarse al ruedo a bailar con cualquiera. Los disfraces sacan nuestro lado más divertido y nos olvidan esa parte seria y formal que implica el traje. Sí, es cierto que las bodas de traje pueden ser muy divertidas o muy formales, depende de la gente, pero para alguien que está escribiendo esto en su despacho, ataviado con traje y corbata, es mucho más divertido ir disfrazado que ir de un miércoles cualquiera (no digo Miércoles, porque ese es otro cantar)
Es complicado que todo el mundo entre en el juego de la boda de disfraces, sobre todo las personas mayores y algunos amigos de padres y demás que van a la boda y que probablemente cuchicheen sobre el evento en peluquerías, tiendas y twitter si lo tuvieran, pero creo que ese tipo de invitados es lo de menos.
Si alguna vez tengo que participar como protagonista de un evento como este, tengo muy claro que mi opción vuelve a ser la que imaginamos hace años: disfraces.

El resto de detalles de la boda, como la ceremonia, los regalos y demás sorpresas, las dejo para comentar con unas cañas, y si llegaran las mías, habrá que inventarlas.
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